DE PELÍCULA...

Escrito por raakshasa 29-05-2008 en General. Comentarios (2)

 

Buenas a todos, hace tiempo que no escribía, espero no hayáis sufrido mucho por la ausencia de estupideces que leer a primera hora de la mañana, aunque basta con que abráis un periódico o una revista del corazón si queréis tal cosa.

A lo que voy, normalmente creo que no suelo escribir experiencias personales, me limito a describir a mi manera las cosas que veo, pero repito, hace tanto que no escribo y evidentemente que no me leo, que no se si estoy mintiendo, en tal caso espero no lo tengáis en cuenta. El hecho es que esta vez sí voy a hablar de una experiencia personal, porque la verdad es que roza el surrealismo, han pasado ya varias semanas desde entonces y todavía no alcanzo a concebirlo.

 

Típica noche de fin de semana hyderabadeño, lo cual significa unas copas en el mismo garito de siempre, con la misma mierda de música de siempre, y rodeado de los mismos pestuzos de siempre, toda una bendición para los locales que se autodenominan “fiesteros”, pero desgraciadamente no para mí, pero lo dicho, uno se hace a todo, y si no se hace, por lo menos, lo disimula muy bien. El toque de queda cerró nuestro garito, (el nuestro y el resto de los pocos que habitan la ciudad) a eso de las, mmmm, 12 de la noche!!! Si señores, 12, 12.30 a lo sumo... hasta cuando era pequeño e iba a misa volvía más tarde a casa, pero esto es Hyderabad, la ciudad de la rehabilitación forzosa y no hay nada más que hablar.

Por aquellas fechas solía juntarme con un pilipino bajito de coleta larga, tan larga que de espaldas bien podría pasar por mujer, pero nada que ver. Lo dicho, 12 de la noche y patada en el culo, todos para casa y dios en la de todos, eso sí descojonándose, dios digo. Bajamos a la calle para coger un ricksaw, uno de esos submarinos amarillos con ruedas que pululan por la ciudad, para ir hacia casa. De camino a casa del pilipino la mía está de paso así que paramos un momento y tate, el jodido conductor del ricksaw, mientras me apeaba empezó a bufarnos porque quería cobrarnos de más por llevar a mi amigo a su casa, entre pitos y flautas lo mandamos al cuerno, el filipino se bajó del auto y después de despedirse comenzó a andar calle abajo, unos 20 metros, para llegar a la intersección con la carretera principal, dónde el iluso de él pensaba poder encontrar otro auto que lo llevara hasta su casa. A todo esto yo salté la verja para no despertar al segurata, pero parece ser que no anduve muy diestro, porque aparte de casi partirme los morros, el segurata despertó y me miró con cara de pocos amigos, pero con una sonrisa de oreja a oreja... El hecho es que mientras decía namaste al recién amanecido escuché un coche que se acercaba a toda velocidad, me asomé por la verja y vi cómo un tipo tomaba la curva hacia mi calle derrapando casi atropellando al pilipino, que empezó a jurar en tagalog, mientras el tipo del coche frenaba y le desafiaba a través de la ventanilla. Salté la verja de inmediato y me acerqué a bufar otro poco al conductor que probablemente insultándonos en hindi se alejó calle arriba. Pequeño susto, típica conversación entre dos medio borrachos comentando la jugada. El caso es que nos dimos cuenta que el tipo había dado media vuelta a unos 70 metros de nosotros, enfilando su coche en nuestra dirección. La verdad es que nos empezamos a desconojonar, ya que no entendíamos que narices pretendía el indio ese, hasta que empezó a pisar el acelerador y vimos como se abalanzaba sobre nosotros a tal velocidad que nos podría haber amputado las piernas del tirón, encima el muy cerdo venía haciendo zig zags, para abarcar más carretera y asegurarse de que nos atropellaba. En un acto reflejo nos tiramos al arcén para esquivarlo. Cuando nos incorporamos nos miramos con una cara de incredulidad y surrealismo que todavía no alcanzo a recordar, nos juntamos otra vez en mitad de la carretera para lo típico, unir bufidos contra semejante esperpento. Pensábamos que se había marchado, pero otra vez tuvimos que saltar al arcén ya que el muy cabrón volvió a la carga. La mala sangre no podía ser peor, afortunadamente para ciertas cosas Hyderabad puede ser una bendición, ya que en la calle te puedes encontrar desde cocos a zapatillas, cables, ratas muertas, grandes piedras y grandes ladrillos, así que optamos por los últimos, enganchando uno por cada mano ya que no hay dos sin tres.. y efectivamente, no iba a haber dos sin tres, el cabrón del indio volvió a la carga con su coche a toda velocidad, pero esta vez se llevo dos boquetes, uno a cada lada del coche, desafortunadamente no le rompimos los cristales, pero bueno, los bollos eran de tamaño más que digno, más que bollos eran boquetes. Pues ni con esas el tiparraco del coche se amilanó, que va, dio media vuelta y volvió a la carga, fallando en su intento, afortunadamente, una vez más. Volvimos a coger sendos ladrillos, por si las moscas. Pero esta vez el indio paró el motor de su coche, cuando estaba a una distancia de unos 50 metros de nosotros. Empezamos a correr hacia él, haciendo extraños aspavientos con los ladrillos, mientras jurábamos en extrañas lenguas todavía no creadas. De repente el tipejo abrió la puerta de su coche y se apeó, mientras nos gritaba desde lo lejos perdón una y otra vez, tratando de suavizar la situación antes del choque. El caso es que una fuerza misteriosa consiguió librarle de la mayor paliza de su vida, los ladrillos llevaban su nombre escrito en sangre, y aun así el tipo se libró. Ahora mismo se creerá el tipo más afortunado del mundo y pensará que Vishnu le ayudó a salir ileso, pero la verdad es que la jodida teoría de la pastilla de jabón en tierras infieles salvó su asqueroso y miserable pellejo maloliente.

 

Ver para creer!!! Encima cuando volví a saltar la verja de mi casa, el cabrón del segurata estaba descojonándose a más no poder, mientras me decía namaskar sir, namaskar. Namaskar tu puta madre cabrón, casi me atropellan y tu aquí tronchado sin mover un dedo, como quien mira la televisión.

 

 

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"Indio motorizado versus expatriados desquiciados"